DELIRIUM TREMENS (Andrés Malasangre nº 1) por Gonzalo Alfaro Fernández

DELIRIUM TREMENS (Andrés Malasangre nº 1) por Gonzalo Alfaro Fernández

Titulo del libro: DELIRIUM TREMENS (Andrés Malasangre nº 1)

Autor: Gonzalo Alfaro Fernández

Número de páginas: 190 páginas

Fecha de lanzamiento: November 17, 2013

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Gonzalo Alfaro Fernández con DELIRIUM TREMENS (Andrés Malasangre nº 1)

El detective privado Andrés Malasangre es contratado por un empresario para averiguar quién lo amenaza. Lo que no puede imaginar éste es que está metiendo al diablo en casa. Lejos de resolver el caso, Malasangre armará una revolución que volteará no sólo la fábrica y la vida del empresario, sino los mismos cimientos del Sistema. Y es que Malasangre se las gasta así: se sabe quién le paga, pero nunca para quién trabaja.

(Extracto)

1

-Vamos, no me fastidie –protesté dejando el expediente sobre la mesa.

Resoplé y me recliné cuanto pude en la silla. El viejo me lanzó una mirada severa e inamistosa que me obligó a enderezarme y coger de nuevo el expediente. Lo abrí con desgana.

-Pero si ninguno está fichado –me quejé-. Tienen el historial más limpio que un culo scotex.

El viejo dio un puñetazo en la mesa y se incorporó sobre los codos, atravesándome con una mirada degolladora.

-¡Le he dicho mil veces que no le consiento sus estupideces en este despacho! –exclamó con su voz recia de malos tragos, rojo de rabia-. Otro comentario como ése y el próximo expediente será el suyo.

Lo obsequié con una mueca burlona. Sé que ese tipo de comentarios lo sacan de sus casillas. Las formas siempre han sido muy importantes para él. Hasta me obligó a casarme con su hija cuando se enteró de que estábamos en pecado mortal. Y desde que me divorcié dejó de tutearme. Es de esos tipos que antes de trinchar al enemigo le concede su último deseo.

Hojeé de nuevo el expediente pasando por alto los detalles, sin concederle ninguna importancia. Sabía que el viejo me observaba y su cabreo ante mi lasitud iba en aumento. Sin disimular, me limpié la yema del índice en uno de los papeles, restregándolo con energía. El óleo, todavía húmedo, dejó una mancha ovalada.

-Nada, lo dicho, ni uno sospechoso –murmuré en voz alta, levantando la vista del expediente para cerciorarme de que había reparado en mi gesto. La última palabra, además, la pronuncié estirándola como si fuera goma de mascar. Mi declamación era efectista, quería tensar la cuerda.

-¿No le parece sospechoso que lo hayan amenazado de muerte? –exclamó sacudiendo la cabeza, buscando un auditorio invisible que comprendiera su acrecido mal humor. Su voz traicionaba su profunda impaciencia y malestar. Era como un animal sin capacidad de disimulo.

-Del dicho al hecho… –observé con toda calma.

-¡No le pago para que intuya lo que puede pasar o dejar de pasar, sino para que averigüe lo que está pasando! –explotó con un tono tan poco didáctico que resultaba incongruente con la frase. Éste es sin duda el fundamento del humor, pensé para mí.

-Pero si es que no ha pasado nada –agregué en tono apaciguador-. El tipo va a hacer un recorte de plant¡lla bestial y esto le ha sentado mal a algunos. Es normal, ¿no le parece? Alguien se ha calentado y le ha mandado una carta amenazándolo. ¿Y qué? Si todos los fuegos quemaran así, a mí los incendios. Vamos, ni uno solo tiene antecedentes penales. Por la boca muere el pez.

-¡Me da igual si a usted le parece normal! –me gritó perdiendo los nervios y la compostura por segunda vez-. Quiere que averigüemos quién ha sido y eso es exactamente lo que vamos a hacer. No le pago para que haga conjeturas ni juicios de valor sino para que resuelva los casos. Y punto. No me interesa lo más mínimo su opinión al respecto. Siempre hay una primera vez –refunfuñó calmándose un poco y tomando oxígeno-. Dentro de tres semanas será el despido, así que mañana a primera hora se incorporará usted a la plantilla y averiguará todo lo que pueda. Tantee al personal para ver quién puede estar detrás de la carta. Y si para el día del despido aún no ha descubierto al responsable quiero que esté el primero allí y tome buena nota de cuanto suceda; quiero que se fije bien en cómo reaccionan los despedidos y si es necesario, si encuentra a alguno especialmente alterado, quiero que se pegue a él como una lapa (...)